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- Daremos cien monedas de oro a quien nos libre
de los ratones.
Pronto se presentó joven flautista a quien nadie
había visto antes y les dijo:
- La recompensa será mía. Esta noche no quedará
ni un sólo ratón en Hamelín.
El joven cogió su flauta y empezó a pasear por las
calles de Hamelín haciendo sonar una hermosa
melodía que parecía encantar a los ratones. Poco a
poco, todos los ratones empezaron a salir de sus
escondrijos y a seguirle mientras el flautista
continuaba tocando, incansable, su flauta.
Caminando, caminando, el flautista se alejó de la
ciudad hasta llegar a un río, donde todos los
ratones subieron a una balsa que se perdió en la
distancia.
Los hamelineses, al ver las calles de Hamelín libres
de ratones, respiraron aliviados. ¡Por fin estaban
tranquilos y podían volver a sus negocios! Estaban
tan contentos que organizaron una fiesta
olvidando que había sido el joven flautista